La (sin)razón de ser de este blog

La existencia de este blog es muy fácil de justificar: mi necesidad de escribir sobre las cosas que voy aprendiendo para no olvidarlas nunca. Por otro lado, es bastante difícil justificar el nombre del blog, inspirado en un cuento de Borges. Como dijo una vez el escritor español Manuel Vázquez Montalbán en una entrevista al cronista peruano Julio Villanueva Chang, para la revista Etiqueta Negra: "Borges era demasiado señorito para ocuparse de la cocina, le hubiese parecido una grosería poner platos de comida en sus cuentos".

miércoles, 18 de abril de 2012

Carta de Anaïs Nin al Coleccionista

Tal y como cuenta Isabel Allende en su libro Afrodita, en la década de los 40, Anaïs Nin y Henry Miller sobrevivieron un tiempo escribiendo cuentos eróticos para un hombre que les pagaba por página. Este cliente, que se hacía llamar El Coleccionista, permaneció siempre anónimo, llenando de indignada curiosidad a los dos grandes autores que prestaron su talento y su pluma para satisfacer sus caprichos. Este coleccionista de pornografía no apreciaba el estilo y en repetidas ocasiones les exigió que se “saltaran la poesía” y se concentraran en el sexo, porque lo demás no le interesaba. Anaïs Nin le escribió una carta en la que define magistralmente la esencia del erotismo.

“Querido Coleccionista: Le odiamos. El sexo pierde todo su poder y su magia cuando es explícito, rutinario, exagerado, cuando es una obsesión mecánica. Se convierte en un fastidio. Ud. nos ha enseñado más que nadie sobre el error de no mezclar sexo con emociones, apetitos, deseos, lujuria, fantasías, caprichos, vínculos personales, relaciones profundas que cambian su color, sabor, ritmo, intensidad.

No sabe lo que se pierde por su observación microscópica de la actividad sexual, excluyendo los aspectos que son el combustible que la enciende: intelectuales, imaginativos, románticos, emocionales. Esto es lo que le da al sexo su sorprendente textura, sus transformaciones sutiles, sus elementos afrodisíacos. Usted reduce su mundo de sensaciones, lo marchita, lo mata de hambre, lo desangra.

Si nutriera su vida sexual con toda la excitación y aventura que el amor inyecta a la sexualidad, sería el hombre más potente del mundo. La fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión. Usted está viendo extinguirse su llamita asfixiada. La monotonía es fatal para el sexo. Sin sentimientos, inventiva, disposición, no hay sorpresas en la cama: El sexo debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, velos, envidias, todos los componentes del miedo, viajes al extranjero, nuevos rostros, novelas, historia, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino.

¿Sabe cuánto pierde por tener ese periscopio en la punta de su sexo, cuando podría gozar un harén de maravillas distintas y novedosas? No hay dos cabellos iguales, pero usted no nos permite perder palabras en la descripción del cabello; tampoco dos olores, pero si nos expandimos en esto, usted chilla : ¡Sáltense la poesía! No hay dos pieles con la misma textura y jamás la luz, temperatura o sombras son las mismas, nunca los mismos gestos, pues un amante, cuando está excitado por el amor verdadero, puede recorrer la gama de siglos de ciencia amorosa. ¡Qué variedad, qué cambios de edad, qué variaciones en la madurez y la inocencia, perversión y arte...!

Nos hemos sentado durante horas preguntándonos cómo es usted.

Si ha negado a sus sentidos seda, luz, color, olor, carácter, temperamento, debe estar ahora completamente marchito. Hay tantos sentidos menores fluyendo como afluentes al río del sexo, nutriéndola. Sólo la pulsación unánime del sexo y el corazón juntos pueden crear éxtasis.”

2 comentarios:

  1. Es el lugar común de la sexualidad. Anais está atrapada en la trampa del sexo. Todas las arandelas alrededor del coito son trampas para incitar a hombres y mujeres a reproducirse. Hay que prescindir de ellas para disfrutar del sexo.

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    1. Muchas veces Anais es víctima de su propia fórmula, sin embargo su aportación es extremadamente valiosa por el contexto en el que se desarrolló. Difiero en que sea una trampa para incitar la reproducción ya que ésto jamas fue el motor de su escritura ni de su vida.

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